lunes, 29 de julio de 2013

Esperar¿te?

Esta es la historia de una chica que a veces no hacía las cosas bien, a la que sus padres peleaban por ser maleducada o no recoger la habitación, pero que siempre sacaba buenas notas y era cariñosa. Podría decir que la chica era... ¿inocente?. Quizás. Veía los dibujos, jugaba con muñequitas, no le importaba nada. No lloraba, nunca. No se enfermaba. Se torcía el tobillo y la muñeca, caminaba hasta el colegio por un caminito, no echaba de menos nada, se enfurecía cuando la trataban como una niña (aunque eso era lo que era). A medida que crecía, la chica conoció más gente, gente graciosa que la hacía reír. Gente por la que olvidó otra gente, inconscientemente. Una chica que tuvo que adoptar otra vida, con dos casas, dos camas que hacer, dos habitaciones en las que dudar. Que tenía miedo a los cambios, a sufrir, a olvidar. La chica crecía y empezó a entender otras cosas: la amistad, la sinceridad, que las mentiras existían, que los tacos se podían decir, que los chicos son guapos y si te miran se te ponen rojas las mejillas. Tras unos pocos chicos que poco significaron, que poco daño causaron, que pocos recuerdos dejaron, la chica sentía dudas en la amistad, en sus padres, pero era feliz. La chica comenzó en un sitio nuevo. Con gente nueva. Todo un Universo. La chica salía, sonreía y hacía la tarea como una niña buena. Pensó que ser sincera era lo más importante y no pensó dos veces en decir lo que pensaba; el principio de un fin que nunca terminaría. Cuando la chica se enamoró por primera vez ya tenía cien ojos cada día observándola, mil mentiras escondidas y varias personas a las que no soportaba. Cuando la chica se enamoró, recordó las palabrotas que le habían llamado de pequeña, y se dio cuenta de que había palabras peores. Algunas eran las mismas, otras sinónimos, otras silencios. Cuando la chica se enamoró se rompió. Era una máquina a la que no le funcionaba la sonrisa, ni el corazón, ni el estómago. Su cabeza, milagrosamente intacta, recordaba dolorosos recuerdos. Los ojos de la chica nunca volvieron a ser iguales. No brillaban. Bueno, sí, cuando lloraba. No era fuerte. Una ráfaga de viento y un olor podrían haberla tirado. Las palabras desgarraban su interior. Nunca más volvió a ser inocente. Nunca jamás pensó que alguien la quería. Nunca más pudo mirarse al espejo y pensar que valía algo. La cura de su mal de amores, por llamarlo de alguna manera, llegó pronto y tenía un efecto lento. La chica salía con amigos olvidados, hizo nuevos, luchó por apartar sentimientos y pensamientos, por no revisar un tuenti, un twitter... Porque cada vez que lo hacía, el mismo demonio le agarraba el corazón y lo arrancaba de su sitio, sólo para colocarlo y volverlo a sacar por las noches. Por el día era una chica normal rodeada de amigos con los que reír, de otros líos mentales adolescentes, con discusiones y miradas furtivas. Los golpes del demonio seguían. Unos quitaban la respiración y otros simplemente daban paso a pequeñas lágrimas. Hubo un día que la chica, se descubrió a sí misma hueca, como su cuerpo. Consumido. Aunque sería mejor decir vacío. La chica empezó a estar de verdad, a leer hasta borrar su propia historia, a escuchar música y entender su letra y su melodía. Todo iba mejor. Cada día era una sonrisa verdadera de diez falsas. El vacío se asentó en su corazón como una casa vacía en la esquina de una calle, que ves cada día al pasar por delante, sin darle demasiada importancia. Había algunos golpes, del demonio, de otros, que hacía que volviera a caer de rodillas y a llorar en silencio. El tiempo pasaba rápido y lento. Y la chica ya estaba casi normal cuando el verano acabó. Después de perder una amistad y sufrir, se sentía un poco más fuerte. Un día, tras un tiempo, un príncipe azul llegó en su rana verde y rescató a la chica. Le hablaba por WhatsApp y todos los días la abrazaba. La chica se sintió halagada por las intenciones del chico y su corazón libró una batalla consigo mismo. Todo lo pensado salió mal, todo fue un desastre, todo hizo daño a su príncipe, hasta que la chica un día lo miró y sintió que le necesitaba. La chica ahora se considera egoísta y ególatra por recordar su historia como un libro, pero necesita recordarla. La chica ahora está salvada, ahora está con su príncipe, ahora le necesita, ahora le echa de menos, ahora escribe esto para él. No porque necesite saberlo; el príncipe es increíblemente listo y además un gran adivino. Simplemente porque su deseo, su meta se cumplió. Y ahora le brillan los ojos. Y no, no es porque llora. Es porque le mira a él.

Sin título

Música desconocida y videoclips inspirativos.
Melodía, no letra/Letra y no melodía.
Libros marcados en las esquinas.
Escribir.
Despertar y no respirar hasta cerciorarme de que mi madre está dormida.
Abrazarme a la almohada.
Motas de polvo a través de rayos de sol.
Odiar.
Querer.
Odiar.
Querer.
Odiar.
Quierer.
Fallar.
Imaginar historias tristes para llorar.
Ayudar.
¿Ayudar?
Querer ser invisible, visible, invisible, visible.
Esperar.¿te?

Soy una artista frustrada,

de la que nadie quiere hablar.
Viajo por el mundo con mi talento,
imaginando dibujos que aún no sé dibujar.

Soy un alma atrapada,
con una voz que no quiere callar.
Nadie entiende mis deseos;
estoy apartada de la humanidad.

Gente busca personas perfectas.
Yo busco perfecta imperfección.
Echo de menos sentirme protegida,
tener un lugar y una canción.

Cuando esté en la sombra, bajo el duro sol,
recordaré aquellos días de calor.
Sentiré la pena del anhelo y del adiós;
estaré en mí misma.
Por fin.
Protección.