lunes, 24 de marzo de 2014

A veces siento que estamos destruidos.

 Somos como dos almas rotas y vacías. Unas almas enormes de corazones enormes y sinceros, machacadas y reducidas. Así me sentía cuando estabas ahí, de repente conmigo, haciéndome sonreír. Y tú ibas recogiendo mis pedazos y yo recogía los tuyos, pero nos equivocábamos sin querer o sin querer queriendo y formábamos corazones unidos, con partes de ti, de mí y de nosotros. 
 Ahora es como si nos hubiéramos desmoronado, juntos, otra vez. Pero he perdido la cuenta de las piezas, no sé lo que forman, y ahora duele el doble porque no sé qué piezas son tuyas, cuáles son las mías y cuáles las nuestras.

sábado, 15 de marzo de 2014

"Polvo serán, mas polvo enamorado"

¿Y no es triste pensar que si de polvo fuimos de polvo seremos? ¿No es cruel vivir para que después quede materia? Materia en la tierra, en los seres, en los recuerdos y los sueños. Materia que se dispersará y se olvidará en un tiempo, para siempre, eliminada y reducida a cero, como nosotros. ¿No es triste pensar que el alma son impulsos del cerebro, que amar y odiar son reflejos de supervivencia, que la fe solo existe para masacrar gente y controlar masas? Porque tampoco es arriesgado que humanos juzguen a otros humanos, porque no es lógico que te tachen de hipócrita si ellos alardean de investigaciones sin descubrimientos, de dimensiones suyas y de nadie más, de falta de empatia y humanidad. Simplemente me parece mezquino, mezquino cruel doloroso y horroroso, pensar que después no habrá nada, que nos apagaremos como si se acabase nuestra batería, que algunas personas se apagan demasiado pronto, demasiado dolorosamente, demasiado injustamente...
Cómo es posible sentir toda esta inmensidad, todas estas ganas de vivir, de amar y soñar, de viajar y planear, de conocer, de expandirse y crecer, todo racional... Todo aprovechable, todo compasión, frente a sí, emociones y sentimientos horroroso que parecen de seres sin corazón, eso también.
Toda esta mezcla de lo que creamos en nosotros y otros, machacada y destruida, quemada, bajo el mar, en una tumba, apagada y marchita como si nada.
Como si los latidos de nuestro corazón fuesen en vano, como si todas las fotografías que sacamos se hubiesen extinguido, como si el amor, la pasión, el odio y el dolor, tras tanto esfuerzo en nuestro pecho, al final, se hayan marchado.
Dolorosos e injustamente.

domingo, 9 de febrero de 2014

Levantarse y hacer algo diferente. Pintarse las uñas, las manos, el alma de colores.

Quiero despertarme haciendo cada día algo nuevo. Aprender una canción, miles de ellas, y tocarlas con la guitarra bajo la luna llena. Bailar sin descanso, ver videos de YouTube, no conocer mi futuro y arriesgarme. Quiero hacer feliz a todo el mundo con mi sonrisa, empezar no de cero, sino desde ahora, de aquí hasta el infinito y vuelta otra vez. Motivarme para vivir, VIVIR. Feliz. Plena. Llena. Sacar notazas y sacar la PAU. Aprender inglés, quizás italiano, pronunciar bien el francés. Gritar desde la Torre Eiffel que soy la reina del Mundo, que nadie puede conmigo. Saltar de un avión en sueños, despertarme asustada y oír su voz para calmarme. Buenos días en mensajes, en llamadas, en besos y cariños. Disfraces y películas, palomitas y chocolate. Recuerdos en bonos de guagua, en tarjetas de felicitación, en tarjetas de Navidad y San Valentín. Bombones en forma de corazón, prados llenos de flores, días soleados que se conviertan en inviernos eternos llenos de suéter. Sonrojarme por el frío, por el calor, porque me besas, porque lloro. Porque estoy viva y me corre la sangre por el cuerpo, porque aunque me dé frío voy a salir, porque aunque llueva voy a sonreír y pienso dormirme escuchando el sonido del agua con una felicidad inmensa. Porque voy a recordar mi infancia con películas de Disney, porque quiero viajar leyendo, de una habitación a otra como si fuese de continente a continente, y tirar porque me toca en mil y uno juegos de mesa que jugar contigo en un salón, en una habitación, no sé, en cualquier sitio. No conocer a dónde nos va a llevar el futuro, pero intentar mantenerte conmigo el mayor tiempo posible. Las despedidas no existen en el presente, no voy a hacerles hueco en mí, se van a un cajón a enterrarse en polvo. Quiero álbumes de fotos y fotos en mi habitación y que en mi habitación estés tú. Quiero inspirarme y escribir toda mi vida, escribir libros para mí, para ti, de nosotros, de todo. Venderlos en mercadillos a los que no va nadie, leérselos a mis hijos, saber que va a quedar una esperanza de todo y que todo va a salir bien. Aprender a aprender y a pelar manzanas y a hacer de todo. Que llegue verano para disfrutar del Sol, para estar con mis amigas, para tenerlas, para conocerlas, porque eso es lo que quiero y más necesito. Quiero amigas para hablar de tonterías y salir con ellas, y escuchar música y hablar por WhatsApp, para reírnos y criticar, para cotilleos y noches sin dormir. Quiero amigas y amigos y a ti, a ti te quiero siempre. Y encontrar la manera de juntarlo todo, y voy a hacerlo, porque voy a ser feliz y voy a hacerlo todo bien hasta que me equivoque. Y vuelta a empezar, y así hasta el fin de mi vida. Y voy a hacerlo. Voy a aspirar mi cuarto, a hacer tarea de sociales, a estudiar matemáticas, a tocar la guitarra estrepitosamente mal pero voy a cantar y me va a dar igual. Y voy a hacer ejercicio y sudar para estar sana, y me va a gustar mi cuerpo y mi ropa. Y si no me gusta mi ropa la voy a donar, o usarla para limpiar los cristales de las ventanas. También tengo que limpiar mi baño, y saberme educación física. Y leer el Quijote para redactar más rápido en la clase de lengua y sentir que estoy haciendo algo bien hoy y pienso hacerlo. Porque si este fuese el último día de mi vida sólo voy a hacer una cosa: HACER QUE TODO SEA FELIZ.

miércoles, 29 de enero de 2014

Envidia, ¿por qué existes?

Qué tonta soy, qué tonta. Aún cuando posees todos los bienes, siempre de ellos piensas que carecéis. Así estoy, enfadada por la envidia, enfadada por tenerla, porque existe y por lo que causa. Enfadada sobretodo por ser desagradecida, por quejarme de no haber hecho lo que quería, por envidiar algo que pude tener. Y sobretodo, enfadada porque sé que aunque tuviera la oportunidad otra vez, seguiría sin aprovecharlo. Ojalá pudiera saber qué sienten los demás, para no sentirme sola en esto, para saber si soy yo el problema. Para entender por qué, después de tanto tiempo, aún te veo y me sigue doliendo.

martes, 28 de enero de 2014

Son solo fechas.

Eres el fantasma de mi soledad. No solo me acompañas cada noche, sino cada minuto. Cuando pienso y callo, cuando hablo y recuerdo. Cuando fracaso, cuando triunfo...
¿Cómo sería todo si estuvieras aquí?
Me despertaría y me haría la olvidadiza para que te molestases, aunque en realidad siempre sabes lo que te oculto. Y después llevaría tu regalo a tu cama, te haría el desayuno y te daría abrazos y besos sin parar. Te tomaría el pelo diciéndote que eres vieja, te cantaría el cumplaños feliz y ese día haría la colada, plancharía y limpiaría para que tú no hicieses nada.
Te seguiría queriendo como todos los días y no tendría este vacío que nunca se va a llenar. Y lo peor es que no quiero que se llene. Quiero sufrir y sentir dolor. Hacerme un ovillo mientras te recuerdo. Porque eso no es ni la mitad de doloroso que olvidarte.
No sé qué es peor. Si ver que puedo vivir sin ti cuando pensaba que no, o darme cuenta de que lo estoy haciendo.
Joder cómo has podido hacerme esto. Cómo es que soy tan mala. Cómo es que no tengo fuerzas para ir a tu tumba desde hace 5 meses.
Por qué si las fechas son solo números, ¿estoy así?.

viernes, 10 de enero de 2014

Esa noche no temía a la oscuridad.

 Notaba su sonrisa incluso aunque no la viera, era como si un hilo invisible pero certero la conectase a mis labios. Tampoco distinguía sus ojos, pero sabía cómo me miraban... Eran un espejo de los míos. Ver a mi ángel sufrir era desgarrador, ilegal, una blasfemia. ¿Cómo podía ser posible que alguien tan increíble pudiera sentirse mal? Debería estar prohibido oscurecer ese brillo de sus ojos, debería estar prohibido apartarlo de mí.
 Pero cada vez que conseguía que sonriese, cada vez se sentía un poco mejor, era mi corazón el delincuente, pues era un delito sentirse tan feliz al contemplar cómo los extremos de su boca se curvaban. Aunque eso no fue nada comparado con sus besos aquella noche. Eran caricias, susurros, imágenes veloces y permanentes que se asentaban en mi piel. Nuestros cuerpos unidos eran como uno solo, nos sobraban la ropa y los huesos, solo quería estar cerca de su corazón, acurrucarme en él y disfrutar de su sonido.
 Sus besos marcaban cada centímetro de mí como dulces tatuajes. Se metían entre los poros de mi piel, me llegaban hasta los pulmones y el corazón, agitaban mi respiración y desordenaban mi mente.
 Sentir que me quería era vivir.
 Y esta manera controlada y dulce de amarnos era la mejor vida que podían haberme dado.