lunes, 30 de diciembre de 2013

Parecía que el mundo se paraba cuando nos mirábamos a los ojos.

Entonces me abrazó, acercándome a él. Mi boca quedó a la altura de su nariz pero nuestras miradas no se separaban.
Me acerqué para besarle pero rehuyó mi boca. Cuántas ganas tenía de rozar sus labios...
Se acercó de nuevo. "Estamos en un lugar público". Hice caso omiso a sus palabras y lo intenté de nuevo.
Esta vez se apartó pero su mirada era profunda y estaba iluminada por ese brillo que la hacía espectacular.
A escasos centímetros de mi boca, susurró "estamos en un lugar público y yo llevo mucho tiempo sin besarte".
Nuestras caras se acercaron rápidas al igual que nuestras bocas, ávidas, familiarizadas desde hace tiempo.
Pero ese beso fue, al igual que todos, como la primera vez. Dulce e intenso, y con ese rastro mágico que hacía que nunca me cansase de él.

x

Nadie entiende este dolor.
Porque nadie lo ha sufrido.
Porque nadie sabe qué hacer, ni qué decir, si no está ella.
Porque dicen 'madre', 'ma', 'mami', unas 25 veces. TODOS LOS DÍAS.
Y me estoy cansando tanto...
Me estoy hartando de no verte.
De secarme las lágrimas.
De conjugar los verbos en pasado.
Estoy cansada de no poder hablarte.
Ni oírte. Ni abrazarte.
Nunca más.

viernes, 27 de diciembre de 2013

'¿Por qué estás seria en el coche, o cuando hablamos por teléfono?'

Supongo que se debe a que no tengo que fingir. No tengo que sonreír o mostrarme positiva. Puedo evadirme, mirar por la ventana o hacer cualquier cosa que me distraiga. Y cómo molesta cuando interrumpen, cuando me obligan a ver la luz, cuando yo estaba feliz viendo oscuridad.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Me desperté cayendo

y el golpe contra la superficie fue elástico y poco doloroso. Me acomodé en la tierra, deseando que esta me tragara, y, cuando por fin lo hizo, me vi en un rumbo oscuro sin destino. Fui de casa en casa, de persona en persona, explorando cada rincón. Parecía que no se acababa nunca. Veía paisajes rápidos y después de vuelta a la oscuridad, y aunque no estuviese sola y hubiesen otras pegadas a mí, siempre destacó en mí la sensación de soledad. Cuando menos lo esperaba, vi al fin la luz del sol. Sentí que ascendía hasta el cielo azul, desprendiéndome de la humedad oscura de mi interior.

Y ese fue mi primer recorrido como gota de agua.

lunes, 29 de julio de 2013

Esperar¿te?

Esta es la historia de una chica que a veces no hacía las cosas bien, a la que sus padres peleaban por ser maleducada o no recoger la habitación, pero que siempre sacaba buenas notas y era cariñosa. Podría decir que la chica era... ¿inocente?. Quizás. Veía los dibujos, jugaba con muñequitas, no le importaba nada. No lloraba, nunca. No se enfermaba. Se torcía el tobillo y la muñeca, caminaba hasta el colegio por un caminito, no echaba de menos nada, se enfurecía cuando la trataban como una niña (aunque eso era lo que era). A medida que crecía, la chica conoció más gente, gente graciosa que la hacía reír. Gente por la que olvidó otra gente, inconscientemente. Una chica que tuvo que adoptar otra vida, con dos casas, dos camas que hacer, dos habitaciones en las que dudar. Que tenía miedo a los cambios, a sufrir, a olvidar. La chica crecía y empezó a entender otras cosas: la amistad, la sinceridad, que las mentiras existían, que los tacos se podían decir, que los chicos son guapos y si te miran se te ponen rojas las mejillas. Tras unos pocos chicos que poco significaron, que poco daño causaron, que pocos recuerdos dejaron, la chica sentía dudas en la amistad, en sus padres, pero era feliz. La chica comenzó en un sitio nuevo. Con gente nueva. Todo un Universo. La chica salía, sonreía y hacía la tarea como una niña buena. Pensó que ser sincera era lo más importante y no pensó dos veces en decir lo que pensaba; el principio de un fin que nunca terminaría. Cuando la chica se enamoró por primera vez ya tenía cien ojos cada día observándola, mil mentiras escondidas y varias personas a las que no soportaba. Cuando la chica se enamoró, recordó las palabrotas que le habían llamado de pequeña, y se dio cuenta de que había palabras peores. Algunas eran las mismas, otras sinónimos, otras silencios. Cuando la chica se enamoró se rompió. Era una máquina a la que no le funcionaba la sonrisa, ni el corazón, ni el estómago. Su cabeza, milagrosamente intacta, recordaba dolorosos recuerdos. Los ojos de la chica nunca volvieron a ser iguales. No brillaban. Bueno, sí, cuando lloraba. No era fuerte. Una ráfaga de viento y un olor podrían haberla tirado. Las palabras desgarraban su interior. Nunca más volvió a ser inocente. Nunca jamás pensó que alguien la quería. Nunca más pudo mirarse al espejo y pensar que valía algo. La cura de su mal de amores, por llamarlo de alguna manera, llegó pronto y tenía un efecto lento. La chica salía con amigos olvidados, hizo nuevos, luchó por apartar sentimientos y pensamientos, por no revisar un tuenti, un twitter... Porque cada vez que lo hacía, el mismo demonio le agarraba el corazón y lo arrancaba de su sitio, sólo para colocarlo y volverlo a sacar por las noches. Por el día era una chica normal rodeada de amigos con los que reír, de otros líos mentales adolescentes, con discusiones y miradas furtivas. Los golpes del demonio seguían. Unos quitaban la respiración y otros simplemente daban paso a pequeñas lágrimas. Hubo un día que la chica, se descubrió a sí misma hueca, como su cuerpo. Consumido. Aunque sería mejor decir vacío. La chica empezó a estar de verdad, a leer hasta borrar su propia historia, a escuchar música y entender su letra y su melodía. Todo iba mejor. Cada día era una sonrisa verdadera de diez falsas. El vacío se asentó en su corazón como una casa vacía en la esquina de una calle, que ves cada día al pasar por delante, sin darle demasiada importancia. Había algunos golpes, del demonio, de otros, que hacía que volviera a caer de rodillas y a llorar en silencio. El tiempo pasaba rápido y lento. Y la chica ya estaba casi normal cuando el verano acabó. Después de perder una amistad y sufrir, se sentía un poco más fuerte. Un día, tras un tiempo, un príncipe azul llegó en su rana verde y rescató a la chica. Le hablaba por WhatsApp y todos los días la abrazaba. La chica se sintió halagada por las intenciones del chico y su corazón libró una batalla consigo mismo. Todo lo pensado salió mal, todo fue un desastre, todo hizo daño a su príncipe, hasta que la chica un día lo miró y sintió que le necesitaba. La chica ahora se considera egoísta y ególatra por recordar su historia como un libro, pero necesita recordarla. La chica ahora está salvada, ahora está con su príncipe, ahora le necesita, ahora le echa de menos, ahora escribe esto para él. No porque necesite saberlo; el príncipe es increíblemente listo y además un gran adivino. Simplemente porque su deseo, su meta se cumplió. Y ahora le brillan los ojos. Y no, no es porque llora. Es porque le mira a él.

Sin título

Música desconocida y videoclips inspirativos.
Melodía, no letra/Letra y no melodía.
Libros marcados en las esquinas.
Escribir.
Despertar y no respirar hasta cerciorarme de que mi madre está dormida.
Abrazarme a la almohada.
Motas de polvo a través de rayos de sol.
Odiar.
Querer.
Odiar.
Querer.
Odiar.
Quierer.
Fallar.
Imaginar historias tristes para llorar.
Ayudar.
¿Ayudar?
Querer ser invisible, visible, invisible, visible.
Esperar.¿te?

Soy una artista frustrada,

de la que nadie quiere hablar.
Viajo por el mundo con mi talento,
imaginando dibujos que aún no sé dibujar.

Soy un alma atrapada,
con una voz que no quiere callar.
Nadie entiende mis deseos;
estoy apartada de la humanidad.

Gente busca personas perfectas.
Yo busco perfecta imperfección.
Echo de menos sentirme protegida,
tener un lugar y una canción.

Cuando esté en la sombra, bajo el duro sol,
recordaré aquellos días de calor.
Sentiré la pena del anhelo y del adiós;
estaré en mí misma.
Por fin.
Protección.

viernes, 7 de junio de 2013

¿Feliz?

Y pregunto.
Cuando los recuerdos no me ahoguen, cuando el rencor no me arranque el alma, cuando la tristeza no siembre mi corazón de flores de angustia, cuando el nudo de la garganta desaparezca, cuando se borren los errores, cuando se escriba una nueva historia, cuando vuelva mi inocencia, cuando mire lo que me destruyó y no sienta las cenizas... Entonces, ¿seré feliz?

martes, 30 de abril de 2013

95

Y aunque ella nunca se ilusionaba, no daba nada por hecho ni creía en nada con fervor, esa noche se permitió dejar de lado las lágrimas y dormir con una sonrisa que tardaría en borrarse de su cara.

domingo, 28 de abril de 2013

RRT

Dulce veneno que recorre mis labios. Dulce, tan dulce, como tu necesidad. Mi boca te busca, te encuentra, y no hay vuelta atrás, no me puedo separar. Te busco, te encuentro y ¿qué hago? no lo sé. Sólo estás. No hay suelo ni cielo, no hay nada más. No hay final, ¿acaso principio? Me veo perdida si termino. Me miras y me desarmas, mi alma no da señal. Pero para parar, porfavor, no me mires más. Corazón, dulce amor, desisto en mi afán. Ven y bésame, mírame, necesito olvidar el final. Ven, ven, pero ven ya. Ya, ámame, para que no se acabe. Jamás.

domingo, 14 de abril de 2013

El amor es como tender calcetines.

 Cuando tiendes los calcetines, recién lavados, vas uno por uno, colocándolos, hasta que encuentras a su pareja. Entonces los pones los dos juntos, para que al vestirte no vayas con dos diferentes. Pero los calcetines, con la magia que tienen, desaparecen solos. Entonces te ves que hay algunos, dos o tres, con sus parejas, mientras que los otros están solos. 
 Las parejas están dispersas, perdidas por ahí, y quizás no las encuentras hasta que miras debajo de la cama, o en la lavadora. Ves a los calcetines, felices con sus parejas, hasta que un día se separan, en un lavado o en un zapato. O simplemente nunca ha visto a su pareja. Después encuentras al calcetín con otras u otros, con dibujitos, de colores diferentes, pero que no se les parecen. Ves a un calcetín violeta con otro del mismo tono, pero más grande. O ves uno amarillo que intenta hacer migas con uno naranja claro. Pero por mucho que los veas juntos, siempre lo tiendes buscando a su pareja.
 Los calcetines vagan por ahí. Algunos encuentran a su pareja y la pierden, e intentan volver a encontrar a su "otro" con calcetines de distintos colores, pero no, nunca será igual. Están los que pierden a su pareja y despué sla encuentran. Los hay que se pasan muchos lavados sin ver a su igual. E intentarlo con otros calcetines no funcionan, porque siempre llega el momento en el que los separan. 
 Y ahí estás, pensando en tu otro "igual". Pensando en encontrarlo y probando con algunos. Piensas que se parecen a ti, y es así, pero después las cosas van mal y no te das cuenta de por qué hasta que encuentras a tu pareja en la lavadora, o debajo de la cama, o en un zapato, o al lado en la tendedera. Piensas que no sirvió de nada lamentarse porque ahí está, por fin. Puede que ocurra algo que los separe, puede que se pierdan alguna vez, pero si deben reencontrarse, la tendedera estará preparando el encuentro como una celestina, que juega con las vidas de los calcetines, sin darse cuenta.