jueves, 12 de diciembre de 2013

Me desperté cayendo

y el golpe contra la superficie fue elástico y poco doloroso. Me acomodé en la tierra, deseando que esta me tragara, y, cuando por fin lo hizo, me vi en un rumbo oscuro sin destino. Fui de casa en casa, de persona en persona, explorando cada rincón. Parecía que no se acababa nunca. Veía paisajes rápidos y después de vuelta a la oscuridad, y aunque no estuviese sola y hubiesen otras pegadas a mí, siempre destacó en mí la sensación de soledad. Cuando menos lo esperaba, vi al fin la luz del sol. Sentí que ascendía hasta el cielo azul, desprendiéndome de la humedad oscura de mi interior.

Y ese fue mi primer recorrido como gota de agua.

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