lunes, 30 de diciembre de 2013

Parecía que el mundo se paraba cuando nos mirábamos a los ojos.

Entonces me abrazó, acercándome a él. Mi boca quedó a la altura de su nariz pero nuestras miradas no se separaban.
Me acerqué para besarle pero rehuyó mi boca. Cuántas ganas tenía de rozar sus labios...
Se acercó de nuevo. "Estamos en un lugar público". Hice caso omiso a sus palabras y lo intenté de nuevo.
Esta vez se apartó pero su mirada era profunda y estaba iluminada por ese brillo que la hacía espectacular.
A escasos centímetros de mi boca, susurró "estamos en un lugar público y yo llevo mucho tiempo sin besarte".
Nuestras caras se acercaron rápidas al igual que nuestras bocas, ávidas, familiarizadas desde hace tiempo.
Pero ese beso fue, al igual que todos, como la primera vez. Dulce e intenso, y con ese rastro mágico que hacía que nunca me cansase de él.

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