lunes, 24 de marzo de 2014

A veces siento que estamos destruidos.

 Somos como dos almas rotas y vacías. Unas almas enormes de corazones enormes y sinceros, machacadas y reducidas. Así me sentía cuando estabas ahí, de repente conmigo, haciéndome sonreír. Y tú ibas recogiendo mis pedazos y yo recogía los tuyos, pero nos equivocábamos sin querer o sin querer queriendo y formábamos corazones unidos, con partes de ti, de mí y de nosotros. 
 Ahora es como si nos hubiéramos desmoronado, juntos, otra vez. Pero he perdido la cuenta de las piezas, no sé lo que forman, y ahora duele el doble porque no sé qué piezas son tuyas, cuáles son las mías y cuáles las nuestras.

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