¿Y no es triste pensar que si de polvo fuimos de polvo seremos? ¿No es cruel vivir para que después quede materia? Materia en la tierra, en los seres, en los recuerdos y los sueños. Materia que se dispersará y se olvidará en un tiempo, para siempre, eliminada y reducida a cero, como nosotros. ¿No es triste pensar que el alma son impulsos del cerebro, que amar y odiar son reflejos de supervivencia, que la fe solo existe para masacrar gente y controlar masas? Porque tampoco es arriesgado que humanos juzguen a otros humanos, porque no es lógico que te tachen de hipócrita si ellos alardean de investigaciones sin descubrimientos, de dimensiones suyas y de nadie más, de falta de empatia y humanidad. Simplemente me parece mezquino, mezquino cruel doloroso y horroroso, pensar que después no habrá nada, que nos apagaremos como si se acabase nuestra batería, que algunas personas se apagan demasiado pronto, demasiado dolorosamente, demasiado injustamente...
Cómo es posible sentir toda esta inmensidad, todas estas ganas de vivir, de amar y soñar, de viajar y planear, de conocer, de expandirse y crecer, todo racional... Todo aprovechable, todo compasión, frente a sí, emociones y sentimientos horroroso que parecen de seres sin corazón, eso también.
Toda esta mezcla de lo que creamos en nosotros y otros, machacada y destruida, quemada, bajo el mar, en una tumba, apagada y marchita como si nada.
Como si los latidos de nuestro corazón fuesen en vano, como si todas las fotografías que sacamos se hubiesen extinguido, como si el amor, la pasión, el odio y el dolor, tras tanto esfuerzo en nuestro pecho, al final, se hayan marchado.
Dolorosos e injustamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario